Muerto en Vida
Los trozos de carne hedionda y gris añoran su forma anterior embutida en una piel tersa y suave. Ya no tiene el maravilloso tacto de días atrás, ahora parece cualquier chorizo en cualquier tripa, de cualquier intestino.
Se sujetan por las venas y las arterias, que los atan unos a otros sujetando su peso muerto. Ya no hay control en su movimiento, solo un leve balanceo, un ligero pender que airea extendiendo por todos lados su horrible olor dulzón.
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Él se resiente. Supongo que aun le queda conciencia de su pasado. Seguro que a estas alturas todavía no se resigna e incluso se cree el mismo. Si pudiese abrir los ojos y ver algo no podría imaginarse a su antojo, pero dos repugnantes bolsas le caen de la frente. Solo puede olerse y ya está acostumbrado.
Ojalá se le apagase la mente. Yo que lo escribo sé que así ocurrirá. Se completará como despojo cárnico y podrá dejar de ser patético. Dejara de llorarse y solo importará su presencia como basura viva en alguna esquina o en algun bache.
Nadie se atreverá a cogerlo o apartarlo, pero si que lo miraran con asco. Pasaran a una distancia mediana y le dedicaran una arcada o dos. Quizás alguna lleve premio y le escupan un tropezón recuerdo de cenas y almuerzos.
Pero él no os ve, ni os siente siquiera. No, no podrá hacerlo. Él será solo musculo correoso y grasa que se come a sí misma y se caga. Y tú, lo siento, no puedes importarle.
