Olor Matutino
Muchas mañanas, como sucede en Fragmento de Carta, me levanto con olores falsos, de cosas que no estan presentes. Como si el olor permaneciese en mi pituitaria residuo de los sueños acontecidos. Hoy eran tan fuertes los olores que parecía que hubiesen subido al grado de sabores, podía casi masticarlos. Me olía y sabía todo a Praga podrida, de forma tan intensa que al levantarme y mirarme me he visto hecho de Praga podrida y cuando he querido activar al día mi mente esta solo repetía constantemente Praga podrida, Praga podrida. Ni bacon, ni queso, ni el bollo que los sostiene. Ni cajeras, ni coronas... nada, todo emanaba sensación a corrupto.
Al entrar en la ducha el olor se ha ido, no porque sea tan cerdo (que lo soy) que fuese en realidad mierda lavable y planchable; puesto que al salir ha vuelto, como ráfagas de ciudades negras, viejas y europeas que destrozan a uno el pecho al inhalarlas. Mientras el agua caliente corría tranquilizaba el efecto matutino que, como explico, a veces me acontece, y que esta vez parecía estar hincado en mí. La noche anterior HA sido horrorosa pero a treinta grados líquidos no había quien se acordase del frío de la acera de mi soportal, ni de nuestras caras abotargadas, hinchadas de parpados salados. Tampoco de los calentones ni de lo que los motivaba; de la enfermedad mental que me produjeron. Como tus palabras de desamor.
He salido sin toalla y he esperado de pie desnudo a que me secara. Entonces el olor ha vuelto y me ha traído con él la desdicha. Pero esta vez ya limpio, exorcisado por la acción de mi esponja que hiere mas que limpia. No me importaba, porque las lágrimas se confundían con las últimas gotas que caían de mi pelo. Por tanto ya no podía autocompadecerme pues no sabía cual era suero de mis ojos y cual simple agua. No podía llorarme más de lo que lloraba, más de lo llorado. En mi piel roja solo estaba ella, roja, pero estaba. No se encontraba colgada del techo hecha jirones y yo no estaba retorciendome de dolor desollado en el suelo. Estaba de pie esperando a secarme. Mis ojos estaban húmedos pero los tenía en mis órbitas. No me los había arrancado ninguna serpiente y no se los comía. Yo tampoco lo hacía y en mi boca no se aplastaban, entre lengua y cielo, dejando su líquido resbalar por mi gaznate. En mi boca solo había dulce olor a Praga podrida.

5 Comments:
Joder...
eso digo yo, joder...
Ahora si que veo Praga podrida....
Ahora si que veo Praga podrida, tanto como la col que comen a todas horas, o sus dedos morados que soportan al frio, o ese humor tan caracteristico y distante.
Te amo Miguelito
envidia?
Publicar un comentario
<< Home